jueves, 19 de mayo de 2011

Desobediencia. Algo se mueve

Cuando te indigna algo, te conviertes en alguien fuerte y comprometido. Esta frase tan bonita y sencilla es de Stéphane Hesse, autor de "¡Indignaos!" y único redactor aún vivo de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Hesse, a sus 93 años, pone la voz de alarma a lo que está ocurriendo en la sociedad de consumo, bajo la dictadura de los mercados, tan sutil y disfrazada de progreso y modernidad.

No parece tan evidente que haya motivos para la sublevación; no hablamos de invasiones fascistas descaradas, pero el capitalismo salvaje tiene un hambre voraz y parece no haber nada ni nadie que lo detenga. Que no se equivoquen los que se encuentran apoltronados en sus tronos ávidos de poder, porque hay un grupo de ciudadanos, personas comprometidas dispuestas a no doblegar el espíritu crítico y creativo.

La movilización o movimiento 15-M de estos días me anima sobremanera. El grado de indignación alcanzó una cota, que sin entrar a valorar si es alta o baja, fue la suficiente para detonar aquello que llevamos dentro y que queremos (y debemos) proteger como un tesoro: la existencia humana, entendida en términos de libertad, co-existencia, solidaridad...



El poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos, hasta las más altas esferas del estado. Todo va ligado, y dentro de la madeja en la que estamos aprisionados, que no presos -puesto que tenemos la posibilidad de deshacer en parte, y poco a poco los hilos - vemos cómo se toman decisiones que afectan a aspectos como el pensamiento, dirigido a ser uniformado y homogéneo, a no caer en la tentación de salirse de la fila. Desde la escuela se fomenta este modelo y entonces, lo más fácil tras años de (de)formación, es salir con el cerebro lavado y listo para ser carnaza del sistema productivo. Habremos aprendido que el objetivo de la vida es acumular, lo que sea, cayendo en el desinterés por las desigualdades e injusticias; el moldeado de la persona ha sido perfecto. Por eso es tan importante el sentido (auto)crítico, sin él estamos vacíos de contenido. No me resulta extraño ver cómo cada vez más profesionales de la educación se descuelgan del sistema y rompen el vínculo con lo reglado, porque afortunadamente al final no todos terminan moldeados.

Si permitimos a los niños y jóvenes elegir en función de lo que su naturaleza les pide, si les escuchamos de verdad, sin miedo a que nuestra estructura mental-emocional se rompa, estaremos abriendo barreras auto-impuestas. Claro que para eso también es necesario a su vez que nos cuestionemos a nosotros mismos sin miedo.

Y paradójicamente, mientras escribo ésto, voy sentada en un tren, camino de una gran ciudad para trabajar en una gran empresa, siendo una marioneta más del sistema asfixiante y sin ¿poder hacer nada? por la causa. Aún así, y como dice una gran canción... me siento hoy como un halcón llamada a las filas de la insurrección.

martes, 17 de mayo de 2011

Un nuevo paradigma

Dice Michel Odent que para cambiar el mundo, hay que cambiar la forma de nacer. Yo no puedo estar más de acuerdo con él, en ésta, nuestra era, la de lo tecnológico por encima de lo humano. Pero eso es sólo parte del principìo; me remontaría a mucho tiempo atrás incluso.

La conciencia de un mundo diferente pasa por re-concebir los pilares básicos de la vida, la existencia y el Universo en general. Y ya que de re-concebir se trata, me permito la licencia de enlazar esta idea a lo que interpreté del destilado que surgió el pasado sábado en la conferencia de María Jesús Blázquez. Tuve el inmenso placer de, no sólo escuchar su ponencia, sino también de compartir ideas en una conversación de tú a tú muy interesante, muy desde el corazón y sobre todo, muy esperanzadora. María Jesús es catedrática de Biología y Geología y de eso hablamos, de Biología, de Bioquímica, de una nueva concepción de la Biología, de una nueva forma de descubrir el mundo en el que nacemos y al que venimos; hablamos de maternidad, de maternaje, de parto mamífero, y de lucha insumisa desde el respeto.

Momento íntimo con María Jesús

Durante sus charla, tuve una visión. Enganchada a esas imágenes representativas del orgasmo femenino y las ánforas neolíticas como iconos del útero, de la matriz primera que alberga la vida, me imaginé como si de un sueño (posible) se tratara, escenas cargadas de autenticidad. Ví mujeres disfrutando de verdad de la potencia de su sexualidad, sin condicionantes ni prejuicios, empoderadas pariendo a sus hijos en libertad, sabiendo cuál es su lugar en el mundo, sin ser cuestionadas, sin necesidad de enfrentarse a la sociedad entera por explicar cómo quieren que sea su vivencia como mujeres. Sin demostraciones absurdas de la valía a través de la equiparación ficticia con el hombre.

En el marco ecológico, entendido como la ubicación primigenia de todo lo que existe, la armonía vendría sola, sin planes ni estrategias modernas, según la necesidad de alcanzar la vida en la naturaleza, de forma salvaje. Y entonces, dedicar el merecido tiempo y la energía necesaria para favorecer la escucha interior y la entrega a la Vida, en todas sus vertientes y con todas sus consecuencias.

El aire del cambio lo estamos respirando. Hay mucho que hacer, pero el principio está en lo inmediato, en lo que podemos hacer y en lo que sentimos, en ser responsables de nuestra existencia, en no dejarse doblegar por lo externo a uno mismo y conseguir así ser más libre. Por extensión, la libertad da paso a la autenticidad.

domingo, 15 de mayo de 2011

Conociendo a los indios

Tenía unos 19 años cuando leí por vez primera la Carta del Indio Seattle de la tribu de los Swamish, enviada al Presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce, en 1855. En aquel momento me impresionó tanto, que la leí docenas de veces. Conecté enseguida con aquello que el Jefe Swamish narraba. Me llegó muy dentro la resignación con la que explicaba cómo la toma de las tierras por el hombre blanco traería consecuencias nefastas para la Naturaleza, para su pueblo y para el hombre en general. La sabiduría de estas tribus hace que este mensaje sea absolutamente visionario en el contexto de su época y hoy vemos cumplido, paso a paso, todo lo que vaticinaba.

Desde entonces, he sentido debilidad por los indios de América del Norte. Ya de niña no me gustaban las películas de indios y vaqueros; ahí empezaba a darme cuenta de que las historias se contaban sesgadas y de que algo injusto ocurría. Yo estaba del lado de los indios; mi madre siempre me ha dicho que he sido "abogada de pleitos pobres"; ni qué decir tiene que no entendía por qué me llamaba algo tan complicado, y ahora que ya lo entiendo, me gusta pensar que fui así siempre.

Por eso cuando leí la carta, lo integré y comprendí todo. Algo me hacía sentir como una india. Y entonces, comencé a investigar sobre las diferentes tribus, sus costumbres de vida, sus valores, me aboné a las plumas en las orejas y a los chalecos de flecos... Quería saber más y entonces conocí más tarde el chamanismo; me atrapó su relación con la filosofía e intentaba aplicar parte de sus principios a mi vida cotidiana, cosa casi imposible dicho sea de paso. Era una utopía en aquel momento viajar a América y descubrir otras culturas basadas en el respeto a lo humano y lo sobrehumano.

Años más tarde, aprovechando uno de mis viajes de trabajo a Estados Unidos, me tomé unos días de vacaciones y me aventuré por Arizona, conocí el Grand Canyon y Monument Valley, lo que antaño fue territorio Navajo, donde John Ford rodó muchas de sus películas. Al margen de la espectacularidad de esos paisajes, se me cayó el mundo encima.


Monument Valley, territorio Navajo

Lo que debió haber sido un paraíso natural y en equilibrio con el hombre, el hogar de los Navajos es hoy en día una reserva donde los indios que quedan viven condicionados por la occidentalización impuesta durante tantos años. Lo más triste de todo fue comprobar que muchos de ellos se refugiaban en el alcohol, así eran sus vidas robadas. No supe ni pude olfatear rastro alguno de la esencia de ese pueblo, que yo había imaginado en armonía con la Naturaleza.

Tanto el libro como la película "Bailando con lobos" me emocionan porque cuentan la vivencia de un hombre moldeado según patrones occidentales, pero capaz de conectar con algo diferente, más allá del poder y la ambición ilimitada de una ¿civilización? que tiene en desconsideración absoluta a la Tierra y los hombres y desoye las leyes naturales. Quedan pocos refugios auténticos en el mundo y parece que involucionamos sin remedio, pero me niego a rendirme y entrar en la resignación del que cree no poder hacer nada. Podemos hacerlo, por ejemplo, empezando por uno mismo.

sábado, 7 de mayo de 2011

ATENCIÓN: Zona Hipócrita

Me enfrento cada día a la hipocresía generada alrededor de cosas más o menos importantes, pero veladas por la indiferencia y la no conciencia. Esa NO-conciencia es nuestra perdición, como individuos y como sociedad. La manada no existe, se disgrega, porque para hacer manada es necesario caminar en la misma dirección, conectar con lo esencial y lo que de verdad importa. Y no es lo mismo que hacer equipo, que me suena como algo más marketiniano, muy propio de estos tiempos.
Veo determinada gente pasar, enfrascados en sus vidas inventadas, que no vividas, ajenos a ellos mismos, anhelantes de algo que está por venir, pero fuera de la esfera de lo humano.  Oigo aplausos, de mentira, sin sentimiento, en un gesto diplomático, pero no hay ninguna emoción detrás. Y me hace gracia, porque cada vez me siento más ajena a todo ello, pero en absoluto fuera del mundo -mensaje que me hacen llegar como si fuera una doctrina a seguir: para estar en el mundo, tienes que entrar por el aro-. Bueno, no siempre, creo que cierto grado de libertad tenemos y que el aro se puede evitar simplemente porque vamos por otro sitio. No es una cuestión de llevar la contraria, es una cuestión de fidelidad a uno mismo.

Pero toda esta reflexión viene al caso porque me pregunto hasta qué punto nos pueden influir los puntos de vista de otros, y sobre todo, de qué manera pueden llegar a manejar los hilos de la existencia de cada uno mediante la mentira y la manipulación a través de algo poderoso como el miedo. Vivimos con miedo, con muchos miedos, la mayoría de ellos impuestos por la mente colectiva, pero más allá de éstos se puede vivir con serenidad; lo único que hay que hacer es liberarse de ellos, que es la parte más difícil y tediosa de todas.
Perdidos los que se agarran como lapas a la condición social, económica, laboral como bote salvavidas. Es una falacia. ¿De qué servirá cuando la más terrible de las soledades, la soledad de espíritu, aceche? ¿Cuándo se recupera el tiempo perdido? Nunca.
Mientras escribo, me encuentro rodeada de personas que no miran a los ojos, que anteponen intereses ajenos a lo humano, a su propia integridad personal. La premisa es que es mejor no pensar para no actuar, no cuestionarse para no ser cuestionado. Es mucho ¿mejor? aprender a contestar lo que quieren oír que hacer valer la propia voz, así se puede ascender en la escala (¿quién diseña la dichosa escala?) en detrimento de lo esencial.
No lo quiero para mí. Me siento tan lejos de todo ello, que me invade una sensación muy reconfortante, incluso llego a sentirme mejor persona, que no personaje. Y cuando por exigencias del guión tengo que ponerme el disfraz, siento que me traiciono. Sería contradictorio de otra manera. Inevitable.
Y mientras tanto, a seguir buscando atajos auténticos, para vivir y no sólo sobrevivir.

domingo, 24 de abril de 2011

Hacia lo salvaje

Mis hijos son unos salvajes. Salvajes. Suena bien, o al menos a mí me lo parece; me suena a música, me huele a libertad, a contacto, a Naturaleza. Me gusta además porque ellos me recuerdan que yo también soy una salvaje, insalvablemente condicionada, eso sí, pero con la conciencia puesta en recuperar cada día algo de esa intuición original y genuina, perdida en algún momento de la infancia. Salvaje en esencia, así me siento cuando me encierro conmigo misma y me redescubro en cada pensamiento, en cada idea y en cada planteamiento.

Uno de mis libros favoritos se llama "Mujeres que corren con los lobos" de Clarissa Pinkola; es una lectura muy densa, muy potente, con mil mensajes que analizar y que me ayuda a perfilar el encuentro que toda mujer puede vivir con su ser salvaje, con la intuición femenina, entendida como algo poderoso y clarificador, ese algo en lo que confiar si te eres fiel, si te escuchas y te sigues... Dice Clarissa Pinkola que la intuición es el tesoro de la psique de la mujer, y que en la psique instintiva el cuerpo se considera un sensor. Me gusta esa descripción, la llevo incluso hacia terrenos mágicos, más allá de lo tangible.

Y en esta sociedad, en este momento concreto, "las mujeres tienen buenos motivos para rechazar los modelos psicológicos y físicos que ofenden al espíritu y cortan la relación con el alma salvaje". No se trata de rechazar lo bello por imagen, sino más bien de integrar todos los aspectos de belleza, forma y función. Si observamos con detenimiento, los ciclos están presentes en la vida, en la naturaleza, y en el espíritu también. Regresar con regularidad a los ciclos espirituales es reconectar con la individualidad, con la esencia salvaje. La máscara y los condicionantes con los que construimos nuestro personaje y con el que sobrevivimos, nos lo ponen muy difícil,  pero si queremos, se pueden retomar aquellos aspectos almacenados en algún rincón del subconsciente y asumir aquella sabiduría ancestral, que no es otra que la fuerza que nos lleva a perpetuarnos en el mundo.

Volviendo a mi pensamiento inicial: mis hijos son unos salvajes. Y deseo que lo sigan siendo, siempre que ellos quieran.

miércoles, 13 de abril de 2011

Desaprender y acariciar la libertad

Uno de los últimos libros que he leído es la obra de Elsa Punset "Brújula para navegantes emocionales". Es un ensayo escrito en un lenguaje directo, muy concreto y con planteamientos sencillos, que barre el mundo emocional desde la gestación hasta la edad adulta y precisamente el último capítulo ("El adulto libre: el desaprendizaje"), es el que más me ha llegado a nivel personal, porque me identifico con cada frase de la autora, me engancha en sensaciones conocidas y en cuestiones muy trabajadas en mi terapia: desaprender condicionantes y patrones establecidos (y ajenos), conocer y asumir el ego colectivo, llegar al verdadero yo y encontrar la senda de la verdadera libertad.

Por supuesto sigo en mi proceso inacabable de búsqueda personal, que evoluciona de forma sinusoidal, con sus crestas donde la intensidad se agudiza, y sus valles en los que reposa la conciencia y donde sedimentan las nuevas experiencias y aprendizajes fruto del des-aprendizaje. Siempre es así y ahora mismo creo haber comenzado una ascensión a un nuevo pico de cuestionamiento; en este momento, textos como éste me abren la mente aún más, porque me doy cuenta una vez más de lo grande que es el potencial que albergamos en nuestro interior.

Comienza el capítulo con esta frase: "Lo que se trae a la consciencia puede curarse o desprogramarse. Lo que se queda en el inconsciente nos ata sin remedio". Una potente premisa. Y que requiere además un trabajo de mantenimiento constante, de revisión, que nos obliga a cuestionarnos lo que ya fue replanteado y reconstruido en otro momento, aprender y desaprender las verdades tomadas de otros, siendo fiel a la esencia de cada cual, a los dictados propios. Algo muy difícil pero posible. Sólo así podemos llegar a ser libres. Dice Elsa Punset que "conocerse a sí mismo es imprescindible pero no suficiente", y que es importante mantener un equilibrio entre el mundo exterior y el interior.

Cuando el camino hacia la consciencia empieza, se asienta el dolor, no nos reconocemos más que en el personaje construido; después viene el cuestionamiento, que nace del interior como una mariposilla que revolotea alrededor, que no molesta, pero a la que cada vez prestas más atención. Por último, cuando nos enfrentamos a nosotros mismos, el cambio se da siempre que se mantenga la confianza en lo que encontramos, sabiendo que es muy fácil caer en la trampa de lo que fuimos, según los patrones que seguimos en el pasado porque pensábamos que así sobreviviríamos. Pero así no sólo sobrevivimos, sino que realmente vivimos nuestra vida con más autenticidad.

Desaprender es un proceso, no un destino.

lunes, 4 de abril de 2011

Mutilaciones genitales porque sí

Hoy me ha llegado un video a través de la red, en un artículo llamado "No es lo mismo parir que parir". Las diferencias entre un parto natural y uno instrumental en video. Es un documento muy revelador en sí mismo, porque evidencia de manera tan clara la diferencia entre ambas situaciones, que apenas hay que explicar nada. Pero sí me he parado a reflexionar un poco sobre un tema del que quería escribir hace tiempo y que por unas cosas o por otras lo he ido aparcando. Pero todo tiene su momento, y éste llegó ahora.

Nos escandalizamos (yo la primera) cuando leemos o escuchamos que por motivos religiosos, en determinadas culturas se practica la mutilación genital femenina. Es algo espantoso, sin duda. Y sin embargo, en ésta, nuestra sociedad "del progreso", donde todo se ha tecnificado tanto, y en la que hemos desoído nuestra verdadera naturaleza y condición de animales -racionales, aunque no lo parezca-, legitimamos lo que todos los días se practica de manera rutinaria en los hospitales del país. Hablo de la episiotomía, ese corte al que denominan "limpio" (¿quién cree lo de limpio?) y que se hace casi siempre porque sí, porque lo dice un protocolo obsoleto, inhumano y para más inri, denunciado por la OMS. Una vez más, el quid de la cuestión está en el tiempo.

No tenemos tiempo para nada, ni siquiera para parir a nuestros hijos según marque la fisiología del nacimiento. En los hospitales no respetuosos con este proceso, que a día de hoy, lamentablemente son la mayoría, se realizan alrededor de un 70% de episiotomías, siendo esta cifra muy variable, llegando al 90% en algunos centros. Da miedo. En Noruega, si no recuerdo mal, es de un 9%. Es evidente que algo es diferente. Lo peor para cualquier cosa es la falta de información, y en esto tan importante es fundamental. He llegado a escuchar por boca de una enfermera cómo justificaba su episiotomía porque es "estrecha de caderas". Partiendo de que seamos anchas o estrechas todas podemos parir, porque la pelvis se moviliza para dar paso al bebé, me pregunto: ¿Y qué tendría que ver la estrechez de caderas con el cortecito?... Muchas mujeres ignoran lo que la OMS y la evidencia científica dice al respecto.



Por eso, se siguen practicando mutilaciones genitales femeninas, consentidas, institucionalizadas y acalladas por las propias mujeres, porque nos lo vendieron en el pasado como algo "necesario por beneficioso". Nada más lejos.

He vivido dos partos. El primero fue el clásico hospitalario intervenido, no respetuoso, no sólo con mis necesidades y deseos, sino también con mis tiempos y los de mi bebé. Me cortaron la vagina. Sufrí las secuelas de la mutilación: puntos de sutura, dolor, tristeza... La matrona que lo llevó a cabo, me dijo que me había dado el tiempo que consideraba y que mi periné no distendía. Claro, por alguna extraña razón había prisa. ¿A cuánto tiempo se refiere como necesario?... En mi segundo parto, reinó la tranquilidad, estaba en mi casa, me dieron tiempo, todo el del mundo, el necesario, sin presiones, sin miradas, con la confianza puesta en mi cuerpo; mi segundo bebé nació y nadie me cortó, porque ni siquiera nadie me dirigía; no era necesario. ¿Mi periné estaba mal diseñado? No. Alrededor nuestro había una esfera de respeto que evitó, entre otras cosas, la dichosa tijerita.

Y mientras tanto, lo único que podemos hacer es informarnos y exigir que se respeten nuestros derechos e integridad.

Para más información pinchar aquí.