domingo, 11 de diciembre de 2011

El parto y la Navidad

La Navidad Interior, por Laura Gutman

Las Navidades se han convertido en una agotadora carrera de compras masivas de computadoras, teléfonos celulares, cámaras digitales, i-phone, i-pod, y algún que otro juguete de plástico entre tanta tecnología. Las principales invitadas a la fiesta son las tarjetas de crédito, que se desangran en su afán por llenar todos los vacíos existenciales. Comemos hasta el hartazgo, discutimos con qué parte de la familia pasaremos las fiestas, abrimos los regalos entre llantos de niños desbordados…y terminamos desahuciados después de la terrible maratón.

Más profundamente, cada mes de diciembre compartimos el ritual de recordar una vivencia sencilla y extraordinaria: la historia de una madre que atravesó su parto en medio de la naturaleza, entre sus cabras, sus asnos y sus bueyes, amparada por un hombre llamado José. Según algunos textos, José partió en busca de la partera pero cuando ésta llegó, Jesús ya había nacido. La mujer al mirar la escena exclamó: “Ese niño que apenas nacido ya toma el pecho de su madre, se convertirá en un hombre que juzgará según el Amor y no según la Ley”. Esa preciosa criatura fue recibida en una atmósfera sagrada, con el calor del establo y bajo el éxtasis de la mirada amorosa de su madre. Dos mil años más tarde aún estamos festejando el nacimiento de un niño en buenas condiciones y reverenciando el milagro de la vida.

Pensándolo así, la Navidad debería ser la ocasión para rendir tributo a cada nuevo nacimiento de bebés cuidados y acariciados. Estos niños se convertirán en una generación de hombres y mujeres que traerán sabiduría y paz interior a los seres humanos. Por eso, decidamos si nos importa tanto seguir consumiendo frenéticamente alimentando la nada, o si es el momento de aportar algo de claridad, apoyo y cariño a cada mujer lista para parir, nutriendo el futuro.

viernes, 18 de noviembre de 2011

¿Qué es lo que me mueven?

Gael se acerca con su paso firme e inseguro galleta en mano con su pequeňa boca pintada de chocolate, me sonríe y yo siento un hormigueo en el alma, me ofrece ese delicioso manjar aderezado con sus dulces babas y yo no he probado nada más rico en mi vida. Me es imposible describir todo lo que me sube, todo lo que me baja, lo que me atraviesa por entero cuando descubro lo que le provoca a él que acepte su regalo. Disfruto con su andar de tentetieso, de sus avances día a día, sus paseos con la sonrisa perenne alrededor de la cocina, y su cara de asombro ante nuevas sensaciones. Es maravilloso poder reconocerme en él y hacer revivir a mi niña interior; algo tan especial nos une que no es fácil describir.

Recojo de "El Saltamontes" a Alvaro, y me cuenta una de las compañeras del proyecto que mi rubiete esta mañana ha tenido dos momentos importantes y preciosos. En el primero, con su lengua aún de trapo describía su sueño de esta noche: "estaba con mamá, porque la quiero mucho". Sin poder contenerme comienza el llanto emotivo y alegre por mi parte. El otro detalle ha sido para con su abuelo; "las nubes han tapado la Montaña de los Abuelos, y no le veo", y a mí me reconforta tanto saber que la perpetuidad de mi padre también la manifiesta él, que el llanto se reaviva.



Estos son sólo dos momentos de un día cualquiera. Y cada día me doy más cuenta del valor incalculable de lo que me dan mis hijos. Porque además lo percibo como un reflejo de lo que reciben ellos de mí y eso me hace sentir muy bien, poderosa, amorosa y responsable. Ser consciente de cuánto le importas a alguien es fundamental y en este momento siento que todo cobra sentido...

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Entrar en tinieblas

Esto es el cuento de nunca acabar. Parece que al hacer un punto y seguido inconscientemente piensas que está todo hecho y te relajas, aunque positivamente sabes que eso sencillamente es imposible... y sin embargo, pasa el tiempo, todo va cambiando y te das otra vez de bruces con algo indescriptible que se manifiesta de forma imprecisa y que hace que te tambalees. Cierto es que lo encaras de manera diferente, pero también es verdad que no es menos inquietante enfrentarte de nuevo a los fantasmas, los conocidos y los desconocidos. Porque nunca se alejan del todo y porque a veces las alertas se duermen y es entonces cuando sientes que tienes que hacer algo, algo concreto pero por descubrir a la vez, y necesitas hacerlo ya. Los detonantes son tan simples que es imposible detectarlos a veces. Otras son tan evidentes, que ni siquiera les otorgamos el valor que tienen. 

Así que voy a ello...

Voy a bucear. Primero tengo que recordar algunos detalles técnicos, pero espero volver a descubrir un mundo diferente, espero desenterrar tesoros desconocidos y olvidados y con ello entender por qué la superficie tiene este color. Y sobre todo, por qué ese color a mí me parece que cambia y no me deja ver el fondo.

Vuelvo pues,  a la introspección y a por todas, armada de valor y muerta de miedo a la vez, porque esto es un nuevo punto de inflexión importante y porque ahora caigo en la cuenta de aquello que tanto trabajé en su momento sin llegar a integrar en realidad: todo es revisable; tenemos (y tengo) el derecho a revisar y revalidar los pilares de nuestra vida. Porque bien vale la pena hacerlo, primero por uno mismo, y por extensión, por los demás. 

Ya me he puesto el traje de neopreno; mira que cuesta hacerlo, pero hecho ésto, ya sólo me queda ir a por las botellas y lanzarme. En mi bautismo buceador, me cargué con demasiado plomo y aprendí a liberarme y a respirar de forma más pausada. Seguro que ahora volveré a llevar demasiado, sólo que tengo la certeza de que se aligera uno y hay salida. Nos vemos luego.

viernes, 28 de octubre de 2011

Hoy empieza todo

Estoy atareada ultimando los preparativos de mi último viaje y entre pensamientos que van y vienen, de repente me digo a mí misma: "hoy se me olvidó llamar a mi padre". Siento que me desplomo en la cama y caigo en la cuenta de lo que me ha ocurrido. Acabo de confirmar que no me creo aún lo que pasó hace algunos días. Es ahora cuando empieza el verdadero camino de toma de conciencia de que mi padre no está aquí, que no volveremos a vernos, que no volveremos a compartir una comida o un vino, que no estará presente en el inmediato cumpleaños de su nieto pequeño...



Es ahora cuando pienso en la paradójica alegría que siento por haber sido capaz de abrirme a él en estos últimos años, que escuché la historia que tenía que contarme y que él hizo lo mismo con la mía, nos conocinos más en profundidad al fin, como dos adultos que éramos, recuperé a mi niña interior y con ello rememoramos juntos otras épocas, nos respetamos y nos quisimos tal cual somos y como nunca. Para mí ha sido muy importante conocer la nueva dimensión en la que nos movíamos y sentir una armonía que parecía irrecuperable entre nosotros, también con la vida, la propia y la compartida con él.

Porque su último suspiro fue desgarrador, pero lo hizo acompañado, me siento contenta. Y aunque entre luz aparezcan tinieblas de vez en cuando, puedo decir que estoy en paz conmigo y en paz con él. Y no me quito de la cabeza su imagen más bonita, la del padre joven y jovial  que demostró tener una fortaleza interior y unas ganas de vivir que incluso él desconocía. Tras limar nuestros desencuentros, lo que estaba relegado a mis catacumbas personales emerge, sana y se transforma en lo que fue después: una relación sincera, de tú a tú, porque en los últimos años pude contarle lo que no me atreví a relatar con anterioridad porque yo misma lo desestimaba sin saber muy bien la razón escondida... y eso nos ha unido para siempre.

Papá, entre nosotros... gracias por esa oportunidad y por esperarme hasta el final. Alvaro te ve cada día en la Montaña de los Abuelos y a mí me encanta sentirte vivo en mis hijos y en mí.


sábado, 24 de septiembre de 2011

¿Estamos preparados?

¿Cómo se prepara algo en lo que no pones ninguna ilusión? ... Es evidente que cuando algo no te apetece, no te esmeras. Pero hay temas tan profundos e importantes, que por poco que apetezcan, no queda más remedio que enfrentarlos. Y lo mejor en ese caso, es pensar que no lo haces sólo por tí.

Llevo unos días reflexionando acerca de cómo enfrentar lo que va a ocurrir sin remedio en un tiempo no muy lejano. Sobre qué puedo hacer o decir, y sobre todo cómo podría ayudar a mi padre a dejarse llevar y prepararse para lo que sin duda tampoco quiere. Verle la cara a la muerte de cerca debe ser muy jodido; aunque todos pasaremos por ello en algún momento, la trascendencia del hecho es muy grande y me pregunto si lo tendríamos más fácil si creyéramos en algo más allá de lo que el mundo es para nosotros. Y hablo en plural porque mi padre y yo tenemos la misma visión terrenal de lo que es la vida y estamos seguros de que más allá de ella, no hay nada. Claro que este es otro tema de una profundidad tan abismal que habría que sacar el abanico de matices, porque eso no quiere decir que no haya detrás nada de espiritualidad en cada uno de nosotros.

Y volviendo a mi desahogo inicial, siento que se me agolpan en la cabeza cosas que quiero decirle, sin caer en dramatismos, cosas que quiero que tengamos muy claras los dos, perfilar nuestro recorrido en común, sea como haya sido... El ya lo está haciendo, aunque se niegue en redondo a aceptar lo que sin duda en sus adentros más íntimos ya sabe. Me pide fotografías... en algún momento leí que cuando alguien en fase terminal solicita tal cosa, es que está preparado para el desenlace. Me reconforta pensar que está encontrando su equilibrio personal en todo ésto, aunque en ocasiones salte su instinto de supervivencia y su esperanza se eleve al máximo, aquella que he visto que afortunadamente no pierde nunca.

Yo no sé si podré ayudarle de alguna manera especial; de lo que no tengo ninguna duda es de que él ya lo está haciendo, mostrándome un camino desconocido y dejándome acompañarle con una serenidad que desconocía entre los dos. Eso me ayudará a crecer aún más, a evolucionar y a vivir la conciencia del instante. Y la perpetuación de su esencia ya la tiene, en mí, en mis hijos y en la historia de nuestra relación.

La muerte no es más
que la muerte del otro.
Tan sólo morimos,
por así decirlo,
a través de un intermediario.
Siempre nos imaginamos en el otro
la representación de
nuestra propia muerte.
¿Pero soy lo bastante libre de amar
para aceptar la muerte del otro
como si fuese mi propia muerte,
y para anticipar mi muerte
por medio de la del otro?

Jean Debruynne

viernes, 16 de septiembre de 2011

Comienza El Saltamontes

Estoy emocionada. Veo cómo poco a poco se van materializando aquellas cosas en las que creo profundamente y me reconforta mucho comprobar que todo lo que uno se proponga es posible, y que existen otras maneras, que no es necesario rendirse, y que si crees en algo porque te lo dice tu intuición, debes encontrar la fórmula para llevarlo a cabo.

Alvaro crece y aquel gusanillo del que oí hablar en cierta ocasión, referente a la educación institucionalizada o no de los niños, y que yo sentía como si hubiera convivido conmigo en estado de latencia, se está dejando ver y me muestra con una claridad pasmosa cuál es el camino que más se parece al que él se va labrando con su propio crecimiento. Y en la primera semana que ha pasado en el grupo de juego en la Naturaleza "El Saltamontes", le he visto con su energía y alegría de siempre, canalizadas de diferentes maneras. Me encanta verle desenvolverse en el monte, con sus compañeros de juegos, la figura del educador-acompañante y el resto de la comandilla. Fluye en el grupo algo difícil de explicar con palabras, una armonía y unas ganas de mejorar cada día a través del cuestionamiento continuo, que me siento afortunada de formar parte de este gran proyecto que es el Bosque Escuela "El Saltamontes".



Creo de verdad que ésto sí que es un verdadero aprendizaje de lo que es la vida en sí, algo que hemos olvidado y que no dejamos ver a los niños, cómo es el mundo en origen, cómo es la Naturaleza y qué nos puede aportar si intentamos vivir en armonía con ella, como parte integrante de ella. Es increíble lo que puede dar de sí una simple huella, una piña roída por una ardilla o una piedra por la que trepar. Y además, en consonancia con la filosofía del grupo, comprobar cómo funciona la espontaneidad de los niños y cómo esa espontaneidad y curiosidad natural derivan en temas concretos, es muy enriquecedor y nos da muchas pistas de cara a nuestro propio futuro.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Yo soy yo

La Autoestima, por Virginia Satir

En todo el mundo, no hay nadie exactamente como yo.
Hay personas que tienen algunas partes en que se parecen a mí,
pero nadie es idéntico a mí, por lo tanto, todo lo que sale de mí
es auténticamente mío porque yo sola lo elegí.

Todo lo mío me pertenece -mi cuerpo, incluyendo todo lo que éste hace;
mi mente, incluyendo todos sus pensamientos e ideas;
mis ojos, incluyendo las imágenes que perciben;
mis sentimientos, cualesquiera que éstos puedan ser:
coraje, alegría, frustración, amor, desilusión, excitación;
mi boca y todas las palabras que salgan de ella,
agradables, dulces o bruscas, justas o injustas;
mi voz, fuerte o suave;
y todos mis actos, sean éstos para otros o para mí misma.

Me pertenecen mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores.
Me pertenecen todos mis triunfos y éxitos, todos mis fracasos y errores.
Porque todo lo mío me pertenece,
puedo llegar a familiarizarme íntimamente conmigo misma.
Y al hacer ésto, puedo amarme y aceptarme,
y aceptar todas las partes de mi cuerpo.

Entonces puedo hacer posible que todo lo que me pertenece
trabaje para lograr lo mejor de mí.
Sé que hay aspectos de mí misma que me confunden, y otros que no conozco.
Pero mientras me conozca y me ame,
puedo buscar valerosamente y con esperanza la solución a mis confusiones
y la forma de conocerme más.
Cualquiera que sea mi apariencia y mi expresión, lo que diga o haga,
lo que piense y sienta en un momento detreminado, soy yo.
Esto es auténtico y representa dónde estoy en ese momento.

Cuando más adelante analice mi apariencia y mi expresión,
lo que dije o hice, y cómo pensé y sentí, algo parecerá no encajar.
Puedo descartar lo que parece no encajar, y conservar lo que sí encajó,
e idear algo nuevo para reemplazar lo que descarté.
Puedo ver, oír, sentir, pensar, hablar y actuar.
Tengo los instrumentos para sobrevivir, para acercarme a los demás,
para ser productiva y para ser coherente y apartar de mi mundo
a las personas y cosas ajenas a mí.

Me pertenezco y por tanto puedo manejarme.
Yo soy yo y yo estoy bien.