lunes, 23 de mayo de 2011

Conocer y disfrutar la sexualidad

No soy sexóloga, pero me gustaría mucho. Me fascina el tema y encuentro que es tan interesante como importante. Por eso, leo mucho e investigo, me gusta hablar con mujeres acerca de ello y he observado que aún hoy en día "algo" va mal...  Acabo de terminar "Mujer deseada, mujer deseante" de Danièle Flaumenbaum y quiero reproducir textualmente unas páginas que encuentro reveladoras como punto de partida para abordar el sexo y la sexualidad aquí en el blog. Veo además que es un aspecto que entronca de lleno con lo interior, con las catacumbas de la psique, así que le otorgo aún más valor si cabe.

... Muchas mujeres preguntan lo mismo: cómo afrontar sus dificultades para vivir su feminidad, estar satisfechas de ser una mujer, saber ser deseadas y deseadoras.

Contrariamente a las apariencias de libertad, las mujeres siguen siendo depositarias de transmisiones femeninas que las cortan en dos, y de dos maneras. Un primer corte las priva de toda comunicación libre con los hombres. No es que no los deseen. Su deseo existe, pero una pantalla invisible hecha de prohibiciones, vergüenza, culpabilidad, ignorancia y ausencia de confianza en sí las envuelve en una bruma que las separa de los hombres y les impide expresarse libremente. La emoción les hace perder sus medios. Ya no saben escucharles ni hablarles. Como no se atreven siquiera a mirarles, se quedan petrificadas y mudas, o bien se agitan súbitamente y se ponen a hablar de cualquier cosa, salvo de lo que quisieran decir, como si su deseo las volviera locas.

El otro corte que sufren es de naturaleza energética. Se trata de una verdadera división, una separación entre lo alto y lo bajo de todo su ser, el espíritu y el cuerpo, los pensamientos y el corazón, el corazón y el sexo, el pensamiento y el deseo. Esas mujeres no llegan a sentirse plenas. No han podido tomar posesión de su integridad, ni establecer una unidad entre sus pensamientos y su cabeza, sus sentimientos en su corazón y sus sensaciones, que sienten en su sexo. Así, no llegan a vivir su sexualidad como quisieran, y cuando están con un hombre, no logran sentir el goce que esperan.


Imagen de Georgia O`Keeffe

Una herencia social y cultural particularmente pesada

En la época de nuestras abuelas y bisabuelas, la sexualidad de placer era tabú: era un pecado carnal. Esa sexualidad existía en las casas cerradas, donde se intercambiaba por dinero, o era vivida por mujeres "fáciles", a las que se consideraba putas. Nuestras abuelas eran todas más o menos "palomas blancas", inocentes e ignorantes, nunca habían sido preparadas para considerar su propio sexo y mucho menos el del hombre. Nadie las había informado sobre su futura vida de mujeres.

De modo que no tenían ninguna idea de lo que iban a vivir en su noche de bodas, pues sus madres, abuelas y tías rodeaban esa sexualidad de un misterio de murmullos que nada enseñaba a las más jóvenes. Así, estaban obligadas a ser vírgenes, no sólo en su cuerpo, sino también en su cabeza. Lo único que podían imaginarse de su futuro era que iban a tener hijos. De modo que, al llegar al matrimonio, tenían todas las aprehensiones del mundo y esperaban que el marido las informara de esa cosa sin nombre que era la sexualidad: lo esperaban todo de él. La mayor parte del tiempo, el marido se quedaba mudo, no sabía decir una palabra sobre su propia sexualidad y mucho menos sobre la de su mujer. Ese mutismo pretendía respetarla, ya que las únicas palabras para nombrar la sexualidad eran rudas y vulgares...

Como decía, lo tomo como un punto de partida...


1 comentario:

  1. por no hablar de que es un arma poderosisima "frente" al varon y prefieren en muchos casos ese poder antes que explorar su propia sexualidad y arriesgarse a compartir sus deseos.

    y perdidas en ese poder que da el ahora si, ahora no pasa una vida enterea sin llegar a conocerse a si misma y sin compartir ese placer inmenso que nos da la naturaleza, que es la sexualidad.

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