lunes, 12 de septiembre de 2011

Algo se me va

Como en una película cruzan mi cabeza imágenes de otros momentos ya lejanos, recuerdos inconscientes se evidencian ahora; le recuerdo, entre otras situaciones, jugando al fútbol con su equipo, tan joven y ágil, tan flaco y guapo, quizá porque es así como quiero recordarle y también porque quizá se haga menos dolorosa la contemplación de su decadencia. Reflexiono acerca de la transformación tan profunda que sufrimos a lo largo de la vida, a todos los niveles, pero sobre todo no me explico por qué hay finales tan crueles.

Me pregunto en este instante de dónde saco la fortaleza  para acompañarle sin venirme abajo. Porque yo he de reconocer que no tengo (aún) asumido ni interiorizado aquello de aceptar nuestra naturaleza transitoria y así darle mayor sentido a la vida. Quizá porque la presencia de mi hijo pequeño ha conseguido hoy arrancarle más de una sonrisa, aquellas que últimamente no tiene. Alguna energía le transmite que le beneficia y paradójicamente, uno está a punto de echar a andar y el otro lo ha dejado de hacer ya...

A mi padre y a mí nos une mucho la política y hemos disertado bastante del tema. Y hoy me ha pedido que me lleve todos sus libros donde están sus referentes ideológicos. Y mientras los ojeo y los coloco, no puedo dejar de llorar por lo que fue y es.

sábado, 20 de agosto de 2011

Carteles de la Guerra Civil: LEED

Estoy haciendo una revisión de carteles de la Guerra Civil que están catalogados en unos libros fantásticos que me ha prestado mi padre. Algunos de ellos son sumamente interesantes y originales; por lo general, van cargados de mensaje y su sentido en el contexto histórico está más que justificado. Como huelga decir que aquella época fue, entre otras, quizá la más negra de todas, tan sólo me gustaría mostrar las imágenes de los carteles sin apenas comentarios adicionales. Me encantaría poder ver alguno en su formato original, pero ésto es con lo que cuento ahora.

Este con el que empiezo la serie, me llama particularmente la atención. Como siempre, la mejor arma es la cultura y el conocimiento. Cómo se consiga es ya otro tema.


jueves, 18 de agosto de 2011

El velo islámico y la sexualidad

Esta entrada es un extracto de un artículo publicado por la gran Casilda Rodrigáñez hace un año titulado "Lo que se oculta tras la cuestión del velo islámico". Me encanta la capacidad analítica y reflexiva de esta autora en todos sus escritos, pero rescato precisamente éste ahora porque el tema me toca la fibra de manera personal.

¿Por qué la polémica sobre el velo islámico ha sido desatada por los grupos más xenófobos de extrema derecha (recordemos que empezó el famoso alcalde de Vic), los mismos que veneran un paradigma de mujer casi siempre tocada con velo (la virgen María, etc)? ¿Por qué el velo de la madre Teresa de Calcuta , por poner un ejemplo, no se considera un atentado a la dignidad de la mujer y en cambio el de la mujer islámica sí? ¿Cuál es la diferencia? ¿Qué es lo que explica la actual persecución del velo islámico?

Mi modesta opinión es que detrás de la prohibición del velo islámico se cuece y se oculta una política de choque de civilizaciones, adobada en islamofobia. A su vez, tras la islamofobia, que es una pieza de la estrategia del nuevo orden mundial puesta en marcha tras la caída del muro de Berlín, hará unos 20 años, se oculta otra cosa además de la conquista del petróleo. La importancia y el alcance político de lo que se cuece y se oculta detrás de la polémica sobre el velo islámico es lo que se cuece y oculta en el cuerpo de la mujer que se tapa con él: su sexualidad prohibida.

Decía Cervantes, en la famosa arenga del Quijote a los cabreros, que las mujeres en la edad de oro (es decir, antes del patriarcado y de la sociedad esclavista) andaban "en trenza y en cabello", es decir, destocadas, y sin riesgo de que la lujuria alguna pudiera ofenderlas. Hace poco leí también un artículo sobre los Mosuo, el pueblo matrifocal del sur de China, uno de los pocos que perviven en el que las relaciones de parentesco no se basan en el matrimonio y gozan de libertad sexual, en el que la articulista destacaba la ausencia de agresiones y de violencia sexual que dicha libertad producía. Esto mismo decía Cervantes, pues en la sociedad anterior al tabú del sexo, en ausencia de represión de las pulsiones sexuales, la sexualidad de la mujer era igualmente libre y podía manifestarse sin temor a agresión o abuso; y yo añado siguiendo a Reich, a Boreman  y a tantos otros, que no solamente podía sino que la libertad sexual femenina era un elemento imprescindible en la armonía entre los sexos.

El régimen de represión sexual vino acompañado de las túnicas y los velos para ocultar el cuerpo y su capacidad de seducción; como se dice en el libro del Génesis, aparecieron la vergüenza, el recato y el pudor inexistentes en las sociedades espontáneas, cuando no había nada que prohibiera el funcionamiento de los sistemas orgánicos corporales. Claro, que la represión sexual a quien concernía específicamente era a las mujeres y eran éstas las que tenían que cubrirse para desvelarse sólo ante el marido. Estamos hablando de los tiempos en los que existía todavía esa otra sexualidad femenina que ahora ha desaparecido debido, según palabras del propio Freud, al haber sido objeto de una represión particularmente inexorable, y que por ello ahora es difícil de devolver a la vida; Freud, claro está, se refería a la mujer de la sociedad europea del siglo XIX.

Sin embargo, esa sexualidad que ha sufrido una represión particularmente inexorable no ha desaparecido del todo. Mientras que la cultura occidental anglo-sajona iba poniendo a punto un modelo de mujer masculinizada, con unas enormes dosis de violencia interiorizada para inhibir toda su sexualidad no falocéntrica, en las cárceles del patriarcado islámico se ha mantenido en cautividad. Como el insecto fósil que se ha conservado en ámbar, la otra sexualidad femenina ha seguido produciéndose enclaustrada en los espacios femeninos que la cultura islámica ha mantenido, unos espacios de concentración femenina, en las aldeas y los barrios de las ciudades. El peligro es que con la globalización y los movimientos migratorios y turísticos, la mujer occidental puede entrar en contacto con la que se esconde tras el velo islámico y descubrir que su propio cuerpo es una cosa distinta de lo que ahora cree que es. Porque entonces, eso que parece tan difícil de volver a la vida, quizá dejaría de serlo, y nuestros cuerpos acartonados recuperarían fácilmente su vitalidad.

En el siglo XVIII, una dama anglosajona, Lady Montagu, relató su visita a unos baños femeninos en Turquía. relato que inspiró el famoso cuadro de Ingres "El Baño Turco", que está en el Museo del Louvre. Lady Montagu, en sus cartas, publicadas en 1781, aseguraba que las mujeres árabes tenían más libertad, incluida la sexual, que las europeas y eran más abiertas y hospitalarias. Decía, entre otros comentarios significativos, que se reían del corsé con el que los maridos occidentales encerraban a sus esposas. Ellas, con el cuerpo desnudo y libre bajo la túnica, no podían entender el uso de una prenda como el corsé.

El mismo impacto que le causó a Lady Montagu la visita al baño femenino turco en el siglo XVIII, me lo produjo a mí una visita a un hamman de la medina de Fez en 1993... Una sala grande y las mujeres sentadas en el suelo, haciendo corrillos, desnudas, echándose agua unas a otras, charlando, riendo, echándose henna, comiendo naranjas, ofreciéndose flores de azahar, de todas las edades... Nunca había visto algo así, el brillo de sus ojos,  la forma de hablarse, la sensualidad, la complicidad, la confianza en colectivo, en el grupo. Tuve la sensación de estar profanando una intimidad que me era ajena. Aunque en aquel momento no lo entendí, más tarde, en una ponencia que presenté en Vitoria en 2003, ya decía que se podía entender por qué esas mujeres tenían que llevar velo e ir tapadas por la calle: para que no se viera lo que no tenía ni siquiera que existir. Lo que no podía trascender al espacio público y debía permanecer enclaustrado. Hay, pues, una sexualidad femenina que se ha conservado en el mundo musulmán, una sexualidad encerrada y cercada, pero también de alguna manera reconocida, pues el espacio colectivo que supone el hamman, implica un reconocimiento que las mujeres europeas no tenemos.

La dominación del hombre sobre la mujer extendida por todo el planeta a lo largo de 5000 años, ha adoptado diferentes formas y cauces, y uno de ellas es la que adoptó en el mundo islámico: el hombre es dueño de la mujer a la que encierra y oculta para su uso exclusivo. Pero este modelo, basado en una represión externa estricta de la mujer, es en cambio más laxo en cuanto a la exigencia de autorepresión de las pulsiones sexuales; y la mujer árabe tiene menos interiorizada la represión, lo cual le permite mantener en alguna medida su sexualidad no falocéntrica, esa que en otros modelos se ha ido cercenando de un modo tan absoluto. Nosotras, las europeas, con nuestos cuerpos acartonados podemos andar exhibiendo nuestros cuerpos en el estado de acorazamiento y retracción pulsátil en el que habitualmente sobrevivimos. Y ponernos ropas bien ajustadas, porque cuanto más apretadas, menos libertad y menos posibilidades de pulsión corporal. En cambio, la ropa suelta, deja el cuerpo libre.

Creo que la afirmación de que el velo y la túnica menoscaban la dignidad de la mujer, es una verdad a medias; y en la medida en que se pretende la verdad entera, se vuelve un mecanismo de ocultación de la otra parte de la verdad... Lo que sucede es que se aprovecha el desconocimiento de la situación y la ignorancia respecto a la sexualidad femenina para dar una versión torcitera del uso del velo. Y sobre todo para que no nos percatemos de que existe esa otra sexualidad, y tampoco de la represión que las mujeres occidentales tenemos interiorizada que es precisamente lo que hace innecesario el tipo de represión externa.

Claro que es verdad que los maridos musulmanes vigilan, mandan y ordenan la reclusión de sus mujeres y que la represión matriarcal que sufren es medieval. Pero de lo que se trata es del tipo de represión que se practica, que es más externa y con menor componente de represión interiorizada, menor auto-inhibición.

En pocas palabras, se contrapone la condición de la mujer islámica como una situación de represión, a la nuestra, como si la nuestra fuese una situación de libertad, cuando en realidad se trata de dos modelos de represión diferentes. Y lo que se pretende es que las mujeres occidentales, y en general la gente de bien, apoyemos la guerra contra el mundo árabe supuestamente para "liberar" a las mujeres musulmanas; en realidad, para que ellas adopten nuestro modelo de represión.

viernes, 29 de julio de 2011

Educación en libertad

Decía Carl Gustav Jung que sacrificamos sin reparos nuestra autonomía a una autoridad externa si con ello nos podemos ahorrar el dolor del autoconocimiento, los sufrimientos que conlleva nuestro crecimiento individual interior y nuestra responsabilidad personal.

Este pensamiento lo veo aplicable a muchísimos ámbitos de lo humano, el entorno, la sociedad y a todo ello en su inter-relación. Los miedos nos paralizan y de todos ellos, el miedo a lo desconocido es uno de los más peligrosos, con lo que la tendencia en ésta, nuestra sociedad, la de lo material por encima de lo espiritual y personal, es a hacer aquello que creemos que es lo correcto porque así nos lo han dicho, sin ni siquiera plantearnos si existen caminos diferentes, más coherentes con lo que somos y sucumbiendo finalmente a la zona segura, la del rebaño, que no es otra que aquella en la que otros deciden por nosotros, es decir, evadiendo la responsabilidad sobre nuestra vida, como si no fuera lo suficientemente importante. Claro que, con un poco de suerte y conciencia, podemos detectar en qué momento nos dejamos llevar y retomar las riendas de nuestra existencia; será un camino quizá más difícil pero más auténtico y gratificante.

Y sin duda alguna, esta reflexión la sitúo dentro la esfera de la educación, tal y como es entendida en general por el grueso del entramado social actual, totalmente delegada en terceras personas e instituciones, a las que otorgamos más poder e importancia que al propio entorno natural (por habitual) de los individuos "a educar". El tema da para tanto y es tan complejo que sólo pretendo dar pinceladas sobre algo que veo tan evidente en mi esquema mental personal, pero cargado de prejuicios desde el exterior, que es en realidad la sociedad en su conjunto. La idea original de la "educación universal" es buenísima, pero ha derivado en una cascada de automatismos no revisados, pero sí reconocidos como no operativos ni funcionales, y parece que pocos son los que advierten que algo grande falla. Tanto es así que cuando nos asustamos de las cifras de fracaso escolar tan elevadas, a nadie se le ocurre buscar la raíz del problema en el mismo origen, sino que se alude a tópicos como que "ya no hay valores" o "los niños de ahora..." o "los jóvenes de ahora...", expresiones vacías de contenido.

De todas formas, está mejor visto dejarse llevar que frenar y salirse de la fila. Es la dinámica del miedo y así funciona. Pero la escuela activa que defiende Rebeca Wild es justamente aquella compuesta por personas, individuos autodirigidos, sin distinción entre el adulto que sabe y dice por dónde hay que ir y qué hay que contestar y el niño/educando que se deja hacer. El mecanismo que se propone es mucho más simple y a la par más interesante, y los resultados que se obtienen son mucho mejores. Esos niños/educandos son personas más seguras, más conectadas con lo que sienten y desean, no tienen miedo de expresar y solicitar lo que necesitan, viven el respeto hacia lo ajeno con más naturalidad porque lo experimentaron en sus propias carnes, no son meros objetos a merced de las voluntades adultas y muestran tal interés natural por aprender que son capaces de desarrollar habilidades concretas para llegar a un conocimiento más profundo de aquello que van descubriendo. Es en un entorno libre donde las personas mostramos nuestro potencial más amplio y si desde bien pequeños somos adiestrados para no pensar, sino para engullir y asumir que debemos entrar por el aro, poco haremos por indagar, porque sentiremos que no merece ni merecemos la pena. La escuela que impera sirve para formar ciudadanos uniformados, obedientes y sumisos para con el orden social establecido, con todos sus matices y variantes. Pero formar a las personas desde sus inicios, no debería ser tarea de terceros, es la propia persona la que se forja con sus experiencias de vida y lo ideal es que el ambiente facilite el crecimiento a todos los niveles.

Pero como decía, esto son sólo pinceladas. Muchas ideas concretas ebullen en mi cabeza y en algún momento las contaré

miércoles, 20 de julio de 2011

La suerte del molinero

Juan nació en 1929 en un pequeño pueblo de Guadalajara y una de las cosas que más le gustan hoy en día es recapitular anécdotas de su infancia, contar sus vivencias y hablar de su tierra. Y a mí, que me interesan especialmente ciertas épocas, inocentemente le pregunté, hace bien poco, si retenía en la memoria alguna historia relativa al golpe militar de julio del 36, a la guerra y a la huida de republicanos al monte. Gratamente me sorprendió la claridad del recuerdo que evocó, y me gustó mucho el entusiasmo con el que contaba tantas cosas, como si se hubiera abierto ante sus ojos la "caja de la reminiscencia".

La primera historia que me relató fue la del molinero del pueblo, cuyo nombre no recordaba. Tranquilamente me fue describiendo la escena: un abuelo y su nieto, pastoreando un día cualquiera de aquel fatídico 1936, tras el alzamiento y ocupación de la zona por los "nacionales". Ambos están empacando paja, y se acerca corriendo el molinero, desesperado y perseguido por unos cuantos falangistas que pretenden deternerle y quién sabe qué más. El delito del molinero es ser republicano, obviamente. Todo debe transcurrir en muy poco tiempo. El abuelo Domingo no duda un instante y le ofrece su ayuda, se arriesga por él, y entiendo que en ese momento es consciente de que el destino de aquel hombre está en sus manos; no sé si sopesó los riesgos, pero lo cierto es que de forma inmediata, le cobija bajo un montón de paja.

Así, al rato, los "agentes" que le iban siguiendo los pasos, se topan con Domingo y su nieto Juan.

- ¿Vió Usted a alguien pasar por aquí?

- No, nadie... - se hace una pausa.- El caso es que ahora que lo dice, no me pregunte si fue persona o animal, pero algo ví correr por allí.- El abuelo señala en una dirección, posible y perfectamente creíble y así los falangistas le creen y se van. Ha sido fácil.

Contemplando la escena hay un niño de 7 años con la mirada asustada, y más allá de las interpretaciones que pueda hacer de la guerra y de la violencia, hay algo que supo entender: el silencio en aquel momento era vital para el molinero. Juan me contaba que su abuelo le había dicho algo así como que le cortaba la lengua si abría la boca. Una amenaza muy grande para alguien tan pequeño, en un momento de tensión extrema; pero yo prefiero pensar que Juan pudo captar sin problema lo que estaba sucediendo.

Aquel molinero pudo escapar en aquella ocasión. Desconozco el resto de su aventura, pero sin duda, la trama es muy estremecedora en sí misma, pues pone de manifiesto la solidaridad de Domingo y la complicidad y confianza en su nieto Juan.

Muchas más anécdotas me ha contado Juan, pero eso lo dejo para otras ocasiones.


sábado, 16 de julio de 2011

Plato del día o el arte del relleno

Me chifla el humor y me encanta la cocina. La cocina es para mí tan importante y tan agradable que resulta relativamente sencillo vincularla al ingenio de la risa en la vida cotidiana. Por eso al conocer esta preparación tan especial, de un cocinillas también especial, no me he podido resistir a copiarla aquí.

Angulas rellenas de cordero

por Maikel Febrero

Precio: elevado
Duración: elevada
Dificultad: cocineros nivel "dios"

Ingredientes:

1 cordero lechal de no más de ocho dias originario de Lastur
2000 angulas de Aginaga pescadas en noche de luna llena con eclipse parcial
250 gramos de nata hecha con leche de vacas del Pirineo
3 dientes de ajo de Brasov
2 guindillas de Juárez
5 decilitros de aceite de oliva jerezano de primera prensada

Preparación

1. En un horno de leña de un antiguo molino hacemos fuego con roble tibetano, colocamos el cordero limpio en una vasija de barro de damasco y lo dejamos 28 minutos sobre las brasas hasta que esté hecho.


2. Con un bisturí y mucho cuidado deshuesamos el cordero hasta dejar la carne por un lado y los huesos por otro.

3. Echamos la carne a la Thermomix ( no tenéis, pues os la compráis, ya os he dicho que era un plato caro) junto con la nata y batimos hasta conseguir una masa con la textura de un sorbete de limón.

4. Cogemos las angulas y una lupa y buscamos los ojos; bien, una vez encontrados sabemos que en el otro lado está el culo, cogemos un aguja de coser y la introducimos en el orto un milimetro nada más y damos vueltas con mucho cuidado en el sentido de las agujas del reloj hasta ensanchar el citado agujero lo suficiente como para meter una pajita de las de beber coca-cola, a la que habremos acoplado previamente una manga pastelera.


5. En la manga pastelera pondremos nuestra pasta de cordero e introduciendo la pajita en el culo de la angula iremos rellenando con mucho ciudado hasta que veamos que la angula tiene los ojos como Hommer Simpson.


6. En una sartén calentamos el aceite y añadimos los ajos picaditos y las guindillas; cuando el ajo esté dorado añadimos las angulas y las salteamos con cuidado de que no se les caigan los ojos y et voilá, ya tenemos nuestras angulas rellenas de cordero.



lunes, 11 de julio de 2011

El agujero negro del exilio

Ando últimamente inmersa en profundizar más en las páginas negras de la Historia, y de siempre he sentido interés, como otros muchos, por la sangrienta Guerra Civil, y sobre todo por la post-guerra. El caso es que el otro día me topé con una serie de fotografías que me dejaron helada; nunca fue tan verdad aquello de que una imagen vale más que mil palabras. De todas ellas, se me quedó grabada en la retina y la conciencia una en concreto, la que reproduzco aquí.


Se me hace muy duro contemplar como si de una exposición se tratara, fotografías tan gestuales como ésta. Cruzar los Pirineos se convirtió en una urgencia. Huir a través de las montañas en pleno invierno, resistiendo la nieve y el frío es una hazaña en sí misma. Hoy día es impensable echarse al monte con lo puesto, y de entre los miles de exiliados, muchos de los que llegaron a Francia, lo hicieron a pie, en condiciones pésimas para emprender tan espantoso viaje, incluso despojándose de las pocas pertenencias que les quedaban, por proseguir el camino.

Por ellos, por los que perdieron lo que tenían, por los que no pudieron regresar y por los que al volver encontraron algo desconocido, va este poema de Luis Cernuda, exiliado del franquismo a México.


¿Volver? Vuelva el que tenga
tras largos años, tras un largo viaje,
cansancio del camino y la codicia
de su tierra, su casa, sus amigos,
del amor que al regreso fiel le espere

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
sino seguir libre adelante,
disponible por siempre, mozo o viejo,
sin hijo que te busque, como a Ulises,
sin Itaca que aguarde y sin Penélope.
Sigue, sigue adelante y no regreses,
fiel hasta el fin del camino y tu vida,
no eches de menos un destino más fácil,
tus pies sobre la tierra antes no hollada,
tus ojos frente a lo antes nunca visto.